viernes, 11 de agosto de 2023

Invertir

Hace tiempo que pienso en escribir. Que pienso en este blog. La verdad es que durante este tiempo he llegado a abrir esta página y he releído algunos de los textos. He revivido momentos con ellos; únicos. Pero también los he interpretado, y he pensado en cada uno de los sentidos que pueden llegar a tener. Esos que cada persona que los ha leído les ha impreso. Sentidos que han variado además con el momento en que cada una de esas personas ha situado su donde y cuándo. 


Y es que el ser humano es inteligente. Dicha inteligencia se basa en la inversión, y está en nosotros decidir hacia donde derivamos la posibilidad de ganar. Hay quien invierte en su familia. Los hay mas interesados en el trabajo. Están los que buscan amigos para vivir, y también los que se deciden por sus hobbies ( deportes, sofalin, un mar de letras, etc). 

Hoy he decidido invertir en revivir esa sensación de crear interpretaciones, y dar la libertad a que cada uno elija el momento y el lugar para mirar atrás, y recordar que el impulso está en nuestras inversiones, las que nos hacen inteligentes. 


¿Y tú, cuán inteligente eres? 

domingo, 10 de enero de 2021

Negarse al pasado

La oscuridad siempre es un elemento negativo en el interior de cada ser. O al menos lo sentimos así en esa parte primaria que nos lidera el miedo a estar solos. 


Párrafos en blanco definen mi situación mental actual. Hace tiempo que tan solo necesitaba algo de música y oscuridad para aclarar mis pensamientos y hacer llegar algo de tinta con sentido a cualquier hoja en blanco, pero el tiempo se ha consumido. 


No es fácil encontrar el momento y el lugar para volver a encontrarse con el pasado, requiere de técnica y sobre todo, dolor. Y es que hay veces que no hace falta que vayamos a buscar nada, simplemente llega y nos tumba boca arriba dejándonos sin defensa alguna. Derriba las puertas del futuro, instaurando un presente que no queríamos imaginar. Un presente que se lleva por delante planes sin despedida. 


El pasado. Ese que requiere tener la conciencia tranquila en cada momento, para asegurar que no destroza a su paso todo lo que tengamos en nuestro interior. Requiere que la oscuridad que nos aterroriza se convierta en aliada. Requiere que el silencio esté guiado por esa mirada que nos traslada a la realidad y nos muestre el camino sin frenos. 


Negarse en los más profundo a seguir mirando atrás, y contar en cada pensamiento contigo. En cada paso que dé. En cada lágrima que toque el suelo, y en cada sonrisa que ilumine el cielo. 


Me niego a dejarte. 

miércoles, 6 de enero de 2021

Eterno

He perdido un trocito de mi. 


Hace ya días en los que no me encuentro. Hace días en los que rebusco en mi interior, y encuentro una batalla irracional. Por un lado las lágrimas que añoran el hueco que dejas, por otro, las sonrisas de haber podido vivirte. 


Al cerrar los ojos todo se vuelve negación, porque no hay explicación posible que me deje ver, si no estás. La vista se me nubla, porque la unión que siempre me ha guiado ahora está partida. Al otro extremo solo queda vacío, y no me gusta. 


Sé que no te gustaría ver lágrimas derramadas, y se que no hay nada que hacer. Pero la impotencia ha decidido unirse a la tristeza y luchar contra toda racionalidad que pueda traer el ciclo de la vida, y están venciendo. Han tomado la delantera porque te echo de menos. El hueco que has dejado duele. Duele mucho. 


Y es que te has llevado el punto de encuentro en mi vida. Te has llevado horas de charla sobre canarios. Te has llevado tus “peniculas” de “loeste”. Te has llevado tus “ebros”. Te has llevado “la huerta”. Te has llevado ese girar de pulgares en el sofá. Te has llevado el finalizar las llamadas sin despedirte. Te has llevado los “ ten cuidaito y no te metas en líos”. Pero siempre te quedaras en tu único nieto. SIEMPRE. 


Entiendo que la única vencedora posible siempre será la vida, la que sigue. Pero sin ti, todo duele más.


Te quiero.

sábado, 18 de abril de 2020

Expectativa

No hace mucho que perseguía una meta. En ella no había cabida para el fracaso, y mucho menos para el rechazo. 

Y es que no hace mucho el futuro es lo que colmaba mi presente. No dejaba escapar el tiempo en vano, lo hacía con la esperanza de conseguir algo, pero no ahora, luego.

Entonces surge ese momento en el qué abrazar se siente como la meta que un día habíamos recordado. Ese acto que tan solo significa cuando hay una emoción de por medio. Poder canjear todas y cada una de las sensaciones que nos hacen sentir cerca en ese roce con tu piel. El susurro que provoca cada uno de tus poros con mis heridas. Perder toda expectativa por la realidad, y ganarla bailando entre algodones. El hecho de poder sanar todo lo que habíamos presupuestado para seguir en el camino. Imaginarte al final.

Y todo para poder acceder a tus sueños y convertirme en tu futuro.



miércoles, 26 de abril de 2017

Lo que has hecho

Una leve sonrisa hacía que cualquier duda saltase por los aires. Una vez más, lo había hecho. 

Muchas horas había pasado hablando consigo mismo, o hablando solo, como mejor lo veáis. Ideas iban y venían sin que las señales cambiasen de dirección. Pero el rumbo no está marcado por señales, está marcado por sonrisas y esas no solo cambian la vida, cambian el mundo. Sonrisas tan poderosas que hacen que puedas con cualquier montaña que escalar, o mar que nadar. Y no hay distancia que no se pueda recorrer. Nada importa cuando una sonrisa te hace. 

Una lista se empeñaba en enmarcar a la mejor de las sonrisas, como si en una clasificación se pudiese guardar los mejores momentos. Esos que se viven una vez y se hacen más grandes en el recuerdo, pero aún más cuando es una sonrisa quién los rescata para verlos sentado desde una butaca con palomitas. Pero los recuerdos solo pueden jugar un papel de impulso, porque las sonrisas no se acaban, pero si se desgastan. No puedes usar la misma sonrisa para siempre. Una colilla no te permite seguir sacando de tus labios más de los que ya has conseguido. Los labios tienen que sentir, tienen que besar para que las sonrisas se renueven y sigan siendo el alma que nos garantiza el caminar. 

Sí no lo has hecho, besa, vive y ama…

… por una sonrisa más en el mundo. 

lunes, 10 de abril de 2017

La figura

Tras una blanca y esponjosa nube se escondía algo más que un país soleado. Se escondía el sueño del amanecer entre tus brazos. Se escondía el sabor a conexión. Se escondía el día en la noche. Y el nuestro por el tuyo. 

No era la primera vez, ni la última, se decía. Pero la realidad hacía que todo aquello fuese distinto en un laberinto ocasional. No se pronunciaba al saber, solo al confuso estado de la locura. No se desprendía para caer, si no para aprender. Se dejaba pronunciar en el susurro de un ascenso hasta su boca, y nunca dejó que huyeran aquellos besos. 

Las esquinas escondieron a los fantasmas en la noche, y por el día el cielo se abrió para que pudieran huir para siempre. De las sombras salieron figuras y se cogieron de la mano para que el miedo solo fuese una palabra. Juntas se creyeron y se crearon para que caer nunca volviese a significar lo mismo. Cambiaron conceptos y caminos. Y se siguieron de cerca, rozando cada rincón del cielo con sus dedos. Desplegaron sus alas para apartar cicatrices, y alejarse del destino. 

Aquella figura agarró lo que nunca había entendido para transformarlo en lo que sentía. 

De la mano…y hasta tus besos. Te quiero.

martes, 28 de marzo de 2017

Vuelta atrás

Había escuchado hace mucho tiempo llorar, demasiado. Escuchaba sonreír desde hacía mucho tiempo, insuficiente. Escuchará a la desconfianza por poco tiempo, suficiente. 

No hay duda de que no hay nunca suficiente tiempo para saborear el placer del sol en la piel, y la caricia de un día que nunca debería de acabar. Espejismos que se ven reflejados en unas vacaciones o en un día que se disfraza de descanso. 

La monotonía era distinta. No había llanto, sonrisas o sueños, tampoco espejismos en el que el sol me hablase al oído. Días que iban y venían sin mirar atrás, sin recordar aquellos que no lloraban. 

El cambio se había vuelto esquivo, como si de algo prohibido se tratase. De una forma increíble lo que un día fue tan difícil ahora se había convertido en algo cómodo, pero no alegre. Solo quedaba un disfraz de aventurero que se ahogaba en las esperanzas de progresar. De luchar por descaminar y desaprender, por ignorar como un chiquillo todos aquellos pellizcos que la realidad nos pega. 

Desconfiar del tiempo y tomar el pulso a aquello que un día pareció imposible. Toca volver a vestirse de aventurero. 

Volveré a tener miedo lo suficiente para creer… 

miércoles, 25 de enero de 2017

Vivir con los ojos cerrados

Su paso definía a un inexistente destino. Algo nuevo seguía mostrando que en el todo seguía creciendo con la misma esencia. Se había perdido decenas de veces y aquel olor hacía que siguiese encontrando su llave. 

Aquella mañana había encontrado a los ojos del sol una sombra que acostumbraba a mostrar algo más. Era ese algo que nunca creemos alcanzar, pero que siendo nuevo se convierte en costumbre. Decidió enmarcar aquel momento, no por especial, no por antiguo o novedoso, solo quería la diferencia. Trató de guardarlo en una fotografía, pero solo recogía un mínimo reflejo de su grandeza. Trató de dejarlo grabado en una hoja en blanco, pero no eran más que borrones. Intentó grabar con música aquellas palabras, pero la melodía nunca le haría justicia…

Casi lo había perdido, cuando al fin descubrió que no había forma de tenerlo para siempre y decidió cerrar los ojos. Lo guardó muy dentro sin llave, lo saboreo hasta dejarlo insípido y burló al paso del tiempo haciéndolo suyo hasta desaparecer, porque hay experiencias que solo quedan en nosotros. 


Después quemó todas las pruebas y guardó el secreto muy dentro, para que tan solo fuese suyo. Y siguió un día más, con la fragancia del que cree en lo que vive, sin más huella que la de una sonrisa que comparte su saber.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Sin maldad

Voy a morderte, comerte y devorarte, pero sin maldad.

Mi boca, sin saciarse, va a aprovecharse de ti. Va a recorrer cada centímetro de tu piel. Mis manos me ayudaran a abrazar cada sentimiento que hemos dejado pegado a nosotros. Las noches no serán más que la excusa perfecta para crear, crear que nuestros cuerpos no sean nuestros, y que alas en nuestras espaldas nos eleven a un nuevo amanecer, y que el día, solo sirva para que el sol nos ilumine saltando por el mundo. Nos ayudará a secar nuestras huellas tras esa lluvia que nos quiere atrapar.  

No seremos humanos, solo monstruos corroídos por la locura del otro. De infinitos sabores y cacerías de sueños. 

Voy a morderte para que sepas que puedo atraparte entre mis dientes, sin palabras para poder convencerte. Voy a enseñarte que comerte es solo el despertar de un día cualquiera, voy a enseñarte que con solo mirarte voy a devorarte…

…y que mi corazón va a quererte, pero sin maldad. 

lunes, 3 de octubre de 2016

Negación

Hay puntos en la vida que no sabemos ver. Hemos seguido ese instinto de felicidad que siempre quiere lo mejor para nosotros, porque una vez llegamos a serlo, pero ese instinto no sabe cambiar. Alguien una vez dijo que “el roce hace el cariño”, pero también lo desgasta, acaba con él. No siempre, no nunca, pero pasa, y entonces la vieja felicidad te mata, te ciega y te encierra en el pasado, en ese “érase una vez”, pero las perdices a veces vuelan, y no precisamente para quedarse cerca de uno. 

Es un cuento que siempre puede volver a empezar, pero no le puedes negar el final de uno, para poder empezar con otro. 

Sin créditos, no hay agradecimientos. Todo está en esa sonrisa que se apagó para que descubrieras que no todo se encuentra en la primera vez. 

Descubrir que el dolor es el único que no niega su existencia, que muestra las puertas de la realidad y que hace que puedas ver mejor que nunca quien eres. 

No. Siempre puedes recurrir a la respuesta rápida. Escóndete en las sombras, y niégate ser alguien que lucha por abrir de nuevo el resplandor de un bonito amanecer, pero no sabré quién eres hasta que abras los ojos para ver el sol. 

Siempre habrá un nuevo día que te respete la oportunidad de creer…

… porque en el final aprendí a negar con un beso. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Quién dijo miedo?

Los siglos pasaban como sí de segundos se tratasen. En ellos el miedo jugó un importante papel, pero no dejó al tiempo paralizado, éste siguió. 

No había más que mirar a los ojos del que descansaba, para saber que entre los platos rotos el silencio era solo melancolía. Todo giraba para que en aquel atardecer la esperanza no saliese mareada, y se había jugado durante mucho con el poder, para que éste desapareciese en un suspiro cansado.

Pero el miedo seguía siendo el que despegaba las páginas para lanzarlas al fuego. Él, y solo él, era el que podía hacer desaparecer al frío, o quizás tan solo disfrazarlo, sin que los ojos pudiesen avistar lo que de verdad representa aquel profundo y oscuro cantar. 

Hasta que el tiempo pasa, y pasa por todo. Y por todos. Y el miedo se queda en algo pasajero. En algo que durante un tiempo no te quiso. En algo que al principio, no era más que eso, El principio. Ahora, los pájaros habían aprendido a volar, el presente sabía hablar, y el futuro ya había quedado en esperar al que quisiese hacer de su tiempo suyo, sin olvidar, con peligros, pero sobre todo, aprendiendo que sin miedo no hay valientes. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Estás solo en esto

Lo dejaba crecer, como si dejándolo solo fuese a funcionar. No le había enseñado a hablar, ni a caminar. Lo alimentaba con aire, y lo disfrazaba con los mejores ropajes. 

Él seguía creciendo alejado del respirar. En un atardecer que susurraba esperanza. En la confección de creer en la lejanía, sin esperar que el límite acabase algún día. Estaba en ese rincón al que cada noche uno huye a esconderse del miedo. Era un lugar seguro, caliente y sin salida. Allí estaba solo, aunque en ocasiones oía voces. 

Nadie le había enseñado a hablar, pero un día comenzó a confeccionar una idea. El rincón, seguía estando escondido, pero pasó a tener nombre, y la seguridad creció, a la vez que la realidad se falsificó. Acababa de nacer su Sueño. 

Los momentos de soledad y seguridad crecieron con el tiempo, a la vez que Sueño fue aprendiendo más y creando mejor aquel mundo. Pero todo tenía una larga sombra, y el tiempo nunca paraba. 

Un día, la luz se apagó. Los vientos dejaron de soplar. Y Sueño salió a la calle, se olvidó de rincones escondidos y de seguridades, y apostó por el miedo y el frío, corrió hasta el límite y consiguió que todos hablasen. 

Aprendió a andar y llegó a convertirse en la sonrisa de un soñador.

martes, 2 de agosto de 2016

Sin desperdicio

Hubo una vez en la que pensé que había momentos que pasaban y no servían mas que para que el tiempo pasara. Pero estaba muy equivocado. Estaba muy atrás en el recorrido que vamos dejando a nuestras espaldas. Había momentos que creía que me matarían, algunos de aburrimiento, algunos de dolor. Había otros que me hacían sentirme el rey del mundo, y otros que me demostraban que no hay ningún momento en el que algo nuevo llegue a nuestras vidas, o mejor aún; alguien. 

He llegado a creer que conocía a todo el mundo, todos los métodos, todas las teorías, todos los trucos, y todo el inglés posible. Pero me volvía a equivocar. Siempre llegaba esa palabra nueva, esa nueva expresión, y por supuesto, llegaba esa nueva sonrisa con su aire fresco, sus nuevas maneras y sus formas. Salías del camino y todo volvía a ser nuevo.

Había segundos que se convertían en el caos más absoluto. Se dejaban de seguir tópicos y todo rodaba hasta que la bola del conocimiento no entraba por la puerta. Se viajaba y se dejaban atrás amigos por cada rincón del mundo. Una experiencia, una casa. Se conocían las "mejores" palabras de cada vocabulario. Y por supuesto, el mejor lugar para la foto con más "me gustas". 

Se seguía viajando, y se sigue, porque sin seguir uno se muere, y se trata de perderse, de no encontrar el límite, y sobre todo de dejar, de dejar atrás tantas experiencias que nuestras retinas no reconozcan todo a su alrededor, que exploten las agendas, y que los pies se queden sin zapatos.

Por no parar de conocer(te). 

domingo, 24 de julio de 2016

En el fondo de la duda

No sé sí es el momento de escribir. Quizás porque nunca he tenido muy claro cuando llegan los momentos. Gracias a este hecho, sé quiénes son los que me rodean. Personas pacientes y llenas de amor que saben esperar para ofrecerte lo mejor. Y es que en muchas sombras el sol se asoma para achicharrar cualquier atisbo de frescura. Es lo que tiene esperar, que todo se pasa sin que vislumbre, si quiera, un grito de socorro. 

No es que haya impacientes que desaparezcan. No es que alguno haya estado algún día. Es que todo vuela cual papelina en el momento en el que una duda quiere formar parte de la historia. Porque éstas siempre serán más largas y complicadas, pero en ningún momento tendrán un final, o no lo tendrán feliz. 

Hace mucho tiempo que todos saben de cuentos. Hace mucho que todos conocen a los enamorados, los desenamorados y los que nunca llegaron a conocerse. Pero nadie recuerda a los amigos. Nunca hubo dudas sobre lo que había que esperar de una amistad, pero cuando las hubo, no había impacientes por un sí o por un no, todo se deslizaba hasta que algo se rompía. Y todos sobrevivieron, algunos siguieron de la mano, otros la levantaron para decir adiós, pero todos siguen vivos, y dudando de lo que pudo no haber sido. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Pringá

Hay un lado de nosotros mismos que se queda siempre en el camino de lo que debería. Como esa luna que sale antes de tiempo, pero que el sol no deja ver, pues no es su momento. En ese tiempo insustancial en el que nuestro lado no sabe actuar, es cuando se pierde. Quedamos en un limbo en el que no sabemos responder a las necesidades del ahora, y el tren se va. Una cara de tonto, y quizás una lágrima, un cambio, y el mundo vuelve a girar. 

Hay una vida que no sabe respetar los tiempos. Que deja que todo vaya en un sin sabor de emociones. En el que no hay luz que sepa adaptarse a aquel callejón oscuro en el que todo ocurrirá. La mariposa se posará en el cielo azul, sin nubes, sin estrellas, con la esperanza de ser ella. Pero siempre se quedará con la espesa sensación de que el viento tiene su propia felicidad. Arrastrará hojas, de punta a punta, sin descanso, sin comprender de dónde procedieron, y qué buscaban. Ellas se dejarán llevar, hasta que la fuerzas fallen, y entenderán que en el camino se aprende más que en las ramas de la sabiduría. 

Sí fuéramos conscientes, dejaríamos que el tiempo se nos pasase. Que los huesos doliesen. Que el alma llorase, y que la vida respondiese con un grito ahogado. Y entonces, solo entonces, nuestro eco nos haría llegar la llamada de auxilio que todos necesitamos para emprender la verdadera búsqueda de lo que necesitamos…

…nuestro propio camino. 

martes, 14 de junio de 2016

Inusual

Hay cosas que se van modificando con el paso del tiempo. Esa clase de cosas que nunca creíste que cambiarían, pero el tiempo, todo lo puede. Desde amigos a rutinas. Desde elogios a críticas. Y llega un momento en el que lo inusual en tu vida es aquello que siempre has tenido. Porque no hay muchos detalles que se puedan mantener para siempre. Esa hora de lectura, forzada, para seguir creyendo e ilusionándonos con palabras, como cuando éramos pequeños. Tirarse al suelo en verano para buscar el placer de sentir que algo no está derretido. O simplemente seguir con la pasión que seguías de pequeño a tu equipo favorito o adorando a tu mascota. 

Más allá de lo que podamos rescatar en el baúl de los recuerdos, ahora todo es nuevo. Distinto. Incluso seguirá siendo pasajero. Construimos nuestro mundo en base al tiempo, sin decidir lo que de verdad queremos. Una casa, un trabajo, gente que va y que viene. Amores y desamores. Incluso la familia. Esa edad en la que debería de surgir la figura del que construye aquello que un día podría quedarse para siempre, y sin embargo, solo habla del pasado, de lo inusual que es todo, ahora que solo quedan resquicios de lo que queremos ser, ¿acaso lo sabemos? 

Voy a luchar por tener entre mis manos todo lo que un día aprecié. Pero es una guerra perdida, solo puedo apretar los segundos con la fuerza del que dejará escapar las experiencias, sí me quedo un momento mirando hacía atrás. Voy a tratar de ser inusual para que todo lo que llegue, comience a ver lo que dejé de ser, y sin embargo seré. 

Porque no hay nada más inusual que ser tú mismo. 

jueves, 2 de junio de 2016

Dolor

Hace mucho tiempo sentí el dolor, era algo tan injusto, que lo podías reconocer sin verle la cara. Era algo que nunca habías imaginado que pasara, y quizás por eso pasó, porque los sueños pocas veces se viven. Tras conocer lo que era el dolor, aquella primera vez, comprendí que las lágrimas no son de débiles, son de personas fuertes que saben lo que la vida puede estar guardando para ti. En aquel momento confié el siguiente paso en una pulsera blanca y en su pureza, confié en seguir en pie, para un día caminar de nuevo, y llegué incluso a volar. 

Hace unos días el dolor se volvió a presentar en mi puerta. Llamó dos veces, por si no la había oído la primera, con la fiesta que esperanza tenía montada. Y se quedó con todo. No le importó que no fuese su momento, y por supuesto no estar invitado. Quiso apropiarse una vez más de mi corazón e intentar destrozarlo, pero esta vez no lo iba a dejar. No hubo lágrimas, sí quizás una sonrisa pícara, una sonrisa que no deja de creer, porque del segundo no se acordará nadie, pero aquí hay uno que no olvidará lo que siente. Porque más allá de la victoria está el orgullo de tener la cabeza bien alta y saber que el que lo da todo siempre gana de una forma u otra. Porque hay un sentimiento que te hace más fuerte, puesto que cuentas con él hasta el final de tus días. Porque nunca vamos a abandonar, ni dejar atrás lo que la historia nos tiene escrito, porque nosotros somos el Atlético de Madrid, los que nunca se cansan de luchar. Hoy elijo confiar, confiar en que el camino se sigue construyendo con el sentimiento que nos ha traído hasta aquí, porque rojiblanco es mi corazón...

¡Te quiero Atleti!

miércoles, 25 de mayo de 2016

Ilusión

Creer y ver son cosas muy diferentes. No todo lo que crees lo puedes ver, y no todo lo que ves lo puedes creer. Pero, podemos creer y ver la ilusión. Ésta no deja de ser un reflejo de nosotros mismos. Nos empuja a creer, y si creemos normalmente terminamos por arrojarnos al vacío, sin importar lo que veamos más allá. Porque la ilusión tan solo es una condición para que empiece lo que verdaderamente somos. Lo que queremos ser, y lo que de verdad nos gusta ver. 

En esta ilusión no había baldosas amarillas, ni tan siquiera había un telesilla para subir a las nubes. Tan solo había que creer. 

Sus ojos desprendían esa sensación de no saber lo que están haciendo. De no saber si están mirando o viendo. De no saber que por los dos, se puede llegar a un infinito. Pero ellos seguían fijos en esa idea. Una idea que no creía conocer nada más allá, que no fuera esa ilusión por construir besos en el aire. De desaparecer entre unas sábanas y no existir en días. De saber que en cada suspiro se esconden más de un te quiero. De entender que entre lo que vio y lo que sintió, no había más que un camino de dudas relajadas por su sonrisa. 

Y con las dudas de la ilusión comenzó a caminar, a levitar, a volar, y rozó el paraíso creyendo que había que cerrar los ojos para poder verlo.

jueves, 19 de mayo de 2016

El de allí

En el sur no existía el agua, todo lo que había era cerveza. Toda la gente se sentía feliz y solo se hablaba de fiestas, y de cebada. No se esperaba a que el otro acabase su tercio, porque no había segundas partes en esta cara de la moneda. 

En el norte, no existía la cerveza, todo lo que había era agua. Toda la gente de este lugar estaba saludable, y hablaban de la existencia de la vida, y del fuego, pues se podía acabar con él. Aquí, no solo se esperaba a la otra persona, también se acompañaba y se compartía todo sufrimiento y querer. Todos eran uno. 

En algún punto entre el sur y el norte, durante algún momento de la vida, una jarra de cerveza cayó sobre el arroyo más puro que proveía de agua al norte. Todo ocurrió en una hermosa mañana de invierno bañada por unos cálidos rayos de sol. Él no podía ni mantenerse en pie, mientras que ella solo quería limpiar sus blancas mejillas. El estruendo de la jarra al estrellarse en el agua, despertó a aquellas dos criaturas, que tan diferentes creyeron conocerse. Rápido corrieron a limpiar todo lo que podría ocasionar aquel incidente en las tranquilas tierras del norte, y él aprendió a ayudar. Y ella aprendió que hay errores que no se pueden evitar. Y ambos descubrieron que los mundos están para compartirlos, al igual que la vida. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Natillas

Quizás el mundo se debería de quedar en el paladar. En esos labios que desprenden el saber del universo. Ellos que unen esa profundidad a la perdición. Ellos que te separan de la verdad. Quizás no haya más que mirar como tiemblan las mejillas de una vida, que nerviosa es devorada. 

Hay un sabor que supera a cualquier otro en el mundo. Este sabor se desprende más allá del poder de las papilas gustativas. Este sabor se puede ver a través de una tormenta. Este sabor, solo tiene uno, y siempre es diferente. En ti, y en los labios que te secuestran en cada amanecer. 

Porque más allá de un cielo azul, o un infierno rojo, hay placeres que se degustan en el día a día. En esos pequeños milagros que por orden se convierten en realidad. Porque un día el sol decidió: que la sombra de la noche no valía más que el calor de tus huesos con los míos. Porque un día, no había nada más allá que una palabra perdida entre una confusión encontrada.

No quiso saber si algo estaba mal. 
Ni lo quería entender. 
Na’ más quería que tuviese sabor a colores… 

…Y en esa explosión de colores, la hubo también de texturas. Y de sentimientos. Y de sin sabores. Y de maravillas. Y de subir y bajar. Y de pasión. Y de fresas amarillas. Y la hubo por ti, pero nunca fue suficiente…

¿Repetimos?