lunes, 3 de octubre de 2016

Negación

Hay puntos en la vida que no sabemos ver. Hemos seguido ese instinto de felicidad que siempre quiere lo mejor para nosotros, porque una vez llegamos a serlo, pero ese instinto no sabe cambiar. Alguien una vez dijo que “el roce hace el cariño”, pero también lo desgasta, acaba con él. No siempre, no nunca, pero pasa, y entonces la vieja felicidad te mata, te ciega y te encierra en el pasado, en ese “érase una vez”, pero las perdices a veces vuelan, y no precisamente para quedarse cerca de uno. 

Es un cuento que siempre puede volver a empezar, pero no le puedes negar el final de uno, para poder empezar con otro. 

Sin créditos, no hay agradecimientos. Todo está en esa sonrisa que se apagó para que descubrieras que no todo se encuentra en la primera vez. 

Descubrir que el dolor es el único que no niega su existencia, que muestra las puertas de la realidad y que hace que puedas ver mejor que nunca quien eres. 

No. Siempre puedes recurrir a la respuesta rápida. Escóndete en las sombras, y niégate ser alguien que lucha por abrir de nuevo el resplandor de un bonito amanecer, pero no sabré quién eres hasta que abras los ojos para ver el sol. 

Siempre habrá un nuevo día que te respete la oportunidad de creer…

… porque en el final aprendí a negar con un beso. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Quién dijo miedo?

Los siglos pasaban como sí de segundos se tratasen. En ellos el miedo jugó un importante papel, pero no dejó al tiempo paralizado, éste siguió. 

No había más que mirar a los ojos del que descansaba, para saber que entre los platos rotos el silencio era solo melancolía. Todo giraba para que en aquel atardecer la esperanza no saliese mareada, y se había jugado durante mucho con el poder, para que éste desapareciese en un suspiro cansado.

Pero el miedo seguía siendo el que despegaba las páginas para lanzarlas al fuego. Él, y solo él, era el que podía hacer desaparecer al frío, o quizás tan solo disfrazarlo, sin que los ojos pudiesen avistar lo que de verdad representa aquel profundo y oscuro cantar. 

Hasta que el tiempo pasa, y pasa por todo. Y por todos. Y el miedo se queda en algo pasajero. En algo que durante un tiempo no te quiso. En algo que al principio, no era más que eso, El principio. Ahora, los pájaros habían aprendido a volar, el presente sabía hablar, y el futuro ya había quedado en esperar al que quisiese hacer de su tiempo suyo, sin olvidar, con peligros, pero sobre todo, aprendiendo que sin miedo no hay valientes. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Estás solo en esto

Lo dejaba crecer, como si dejándolo solo fuese a funcionar. No le había enseñado a hablar, ni a caminar. Lo alimentaba con aire, y lo disfrazaba con los mejores ropajes. 

Él seguía creciendo alejado del respirar. En un atardecer que susurraba esperanza. En la confección de creer en la lejanía, sin esperar que el límite acabase algún día. Estaba en ese rincón al que cada noche uno huye a esconderse del miedo. Era un lugar seguro, caliente y sin salida. Allí estaba solo, aunque en ocasiones oía voces. 

Nadie le había enseñado a hablar, pero un día comenzó a confeccionar una idea. El rincón, seguía estando escondido, pero pasó a tener nombre, y la seguridad creció, a la vez que la realidad se falsificó. Acababa de nacer su Sueño. 

Los momentos de soledad y seguridad crecieron con el tiempo, a la vez que Sueño fue aprendiendo más y creando mejor aquel mundo. Pero todo tenía una larga sombra, y el tiempo nunca paraba. 

Un día, la luz se apagó. Los vientos dejaron de soplar. Y Sueño salió a la calle, se olvidó de rincones escondidos y de seguridades, y apostó por el miedo y el frío, corrió hasta el límite y consiguió que todos hablasen. 

Aprendió a andar y llegó a convertirse en la sonrisa de un soñador.

martes, 2 de agosto de 2016

Sin desperdicio

Hubo una vez en la que pensé que había momentos que pasaban y no servían mas que para que el tiempo pasara. Pero estaba muy equivocado. Estaba muy atrás en el recorrido que vamos dejando a nuestras espaldas. Había momentos que creía que me matarían, algunos de aburrimiento, algunos de dolor. Había otros que me hacían sentirme el rey del mundo, y otros que me demostraban que no hay ningún momento en el que algo nuevo llegue a nuestras vidas, o mejor aún; alguien. 

He llegado a creer que conocía a todo el mundo, todos los métodos, todas las teorías, todos los trucos, y todo el inglés posible. Pero me volvía a equivocar. Siempre llegaba esa palabra nueva, esa nueva expresión, y por supuesto, llegaba esa nueva sonrisa con su aire fresco, sus nuevas maneras y sus formas. Salías del camino y todo volvía a ser nuevo.

Había segundos que se convertían en el caos más absoluto. Se dejaban de seguir tópicos y todo rodaba hasta que la bola del conocimiento no entraba por la puerta. Se viajaba y se dejaban atrás amigos por cada rincón del mundo. Una experiencia, una casa. Se conocían las "mejores" palabras de cada vocabulario. Y por supuesto, el mejor lugar para la foto con más "me gustas". 

Se seguía viajando, y se sigue, porque sin seguir uno se muere, y se trata de perderse, de no encontrar el límite, y sobre todo de dejar, de dejar atrás tantas experiencias que nuestras retinas no reconozcan todo a su alrededor, que exploten las agendas, y que los pies se queden sin zapatos.

Por no parar de conocer(te).