sábado, 18 de abril de 2020

Expectativa

No hace mucho que perseguía una meta. En ella no había cabida para el fracaso, y mucho menos para el rechazo. 

Y es que no hace mucho el futuro es lo que colmaba mi presente. No dejaba escapar el tiempo en vano, lo hacía con la esperanza de conseguir algo, pero no ahora, luego.

Entonces surge ese momento en el qué abrazar se siente como la meta que un día habíamos recordado. Ese acto que tan solo significa cuando hay una emoción de por medio. Poder canjear todas y cada una de las sensaciones que nos hacen sentir cerca en ese roce con tu piel. El susurro que provoca cada uno de tus poros con mis heridas. Perder toda expectativa por la realidad, y ganarla bailando entre algodones. El hecho de poder sanar todo lo que habíamos presupuestado para seguir en el camino. Imaginarte al final.

Y todo para poder acceder a tus sueños y convertirme en tu futuro.



miércoles, 26 de abril de 2017

Lo que has hecho

Una leve sonrisa hacía que cualquier duda saltase por los aires. Una vez más, lo había hecho. 

Muchas horas había pasado hablando consigo mismo, o hablando solo, como mejor lo veáis. Ideas iban y venían sin que las señales cambiasen de dirección. Pero el rumbo no está marcado por señales, está marcado por sonrisas y esas no solo cambian la vida, cambian el mundo. Sonrisas tan poderosas que hacen que puedas con cualquier montaña que escalar, o mar que nadar. Y no hay distancia que no se pueda recorrer. Nada importa cuando una sonrisa te hace. 

Una lista se empeñaba en enmarcar a la mejor de las sonrisas, como si en una clasificación se pudiese guardar los mejores momentos. Esos que se viven una vez y se hacen más grandes en el recuerdo, pero aún más cuando es una sonrisa quién los rescata para verlos sentado desde una butaca con palomitas. Pero los recuerdos solo pueden jugar un papel de impulso, porque las sonrisas no se acaban, pero si se desgastan. No puedes usar la misma sonrisa para siempre. Una colilla no te permite seguir sacando de tus labios más de los que ya has conseguido. Los labios tienen que sentir, tienen que besar para que las sonrisas se renueven y sigan siendo el alma que nos garantiza el caminar. 

Sí no lo has hecho, besa, vive y ama…

… por una sonrisa más en el mundo. 

lunes, 10 de abril de 2017

La figura

Tras una blanca y esponjosa nube se escondía algo más que un país soleado. Se escondía el sueño del amanecer entre tus brazos. Se escondía el sabor a conexión. Se escondía el día en la noche. Y el nuestro por el tuyo. 

No era la primera vez, ni la última, se decía. Pero la realidad hacía que todo aquello fuese distinto en un laberinto ocasional. No se pronunciaba al saber, solo al confuso estado de la locura. No se desprendía para caer, si no para aprender. Se dejaba pronunciar en el susurro de un ascenso hasta su boca, y nunca dejó que huyeran aquellos besos. 

Las esquinas escondieron a los fantasmas en la noche, y por el día el cielo se abrió para que pudieran huir para siempre. De las sombras salieron figuras y se cogieron de la mano para que el miedo solo fuese una palabra. Juntas se creyeron y se crearon para que caer nunca volviese a significar lo mismo. Cambiaron conceptos y caminos. Y se siguieron de cerca, rozando cada rincón del cielo con sus dedos. Desplegaron sus alas para apartar cicatrices, y alejarse del destino. 

Aquella figura agarró lo que nunca había entendido para transformarlo en lo que sentía. 

De la mano…y hasta tus besos. Te quiero.

martes, 28 de marzo de 2017

Vuelta atrás

Había escuchado hace mucho tiempo llorar, demasiado. Escuchaba sonreír desde hacía mucho tiempo, insuficiente. Escuchará a la desconfianza por poco tiempo, suficiente. 

No hay duda de que no hay nunca suficiente tiempo para saborear el placer del sol en la piel, y la caricia de un día que nunca debería de acabar. Espejismos que se ven reflejados en unas vacaciones o en un día que se disfraza de descanso. 

La monotonía era distinta. No había llanto, sonrisas o sueños, tampoco espejismos en el que el sol me hablase al oído. Días que iban y venían sin mirar atrás, sin recordar aquellos que no lloraban. 

El cambio se había vuelto esquivo, como si de algo prohibido se tratase. De una forma increíble lo que un día fue tan difícil ahora se había convertido en algo cómodo, pero no alegre. Solo quedaba un disfraz de aventurero que se ahogaba en las esperanzas de progresar. De luchar por descaminar y desaprender, por ignorar como un chiquillo todos aquellos pellizcos que la realidad nos pega. 

Desconfiar del tiempo y tomar el pulso a aquello que un día pareció imposible. Toca volver a vestirse de aventurero. 

Volveré a tener miedo lo suficiente para creer…